lunes, 30 de marzo de 2026

En el museo de historia natural, viendo a los esqueletos de los dinosaurios:

Eloisa: ¿De verdad crees que existieron?

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lunes, 25 de agosto de 2025

Crónica de una mañana en el trabajo

Jonás entró al elevador para ir a la oficina. Eran las 5.10am. Puso el número trece que era donde estaba su oficina. Entró al elevador y se vio en el espejo. 

Se acercó a su imagen y vio sus ojos llorosos. Sintió ganas de abrazar a la imagen detrás del espejo. Abrazarlo y llorar sin tiempo y sin límite.

La luz se fue en el elevador. Repentinamente el elevador cayó, unos 50 centímetros. Jorge se sostuvo de los soportes laterales y se recargó en la pared del elevador. Quedaron un par de focos muy pequeños iluminando el espacio cerrado.

Jonás tuvo una sensación de miedo en el cuerpo. El pecho se le puso frío, su corazón se aceleró. Empezó a sentir una angustia desbordante. 

Pensó que se quedaría por horas encerrado en lo que podían desatorar el elevador. 

Tuvo terror, aparte de caer, sobre todo tuvo miedo de estar consigo mismo. Como si dijera: Este cabrón me va a aniquilar.

Tenía miedo de lo que pensaría y sobre todo, tuvo miedo de perder el control. Se volvería loco, perdería la compostura y haría algo inimaginable. 

Tranquilo, me voy a sentar y me voy a poner a trabajar. Pero, ¿y si se cae esta chingadera?

Sentía que estaba en un lugar que no era seguro, donde no iba a aguantar por mucho tiempo la incertidumbre o mejor dicho, no iba a resistir estar con su locura.

Tocó un botón de alarma color amarillo.

La luz regresó al espacio reducido, el aire acondicionado del elevador se encendió.
Vio la pantalla del elevador, sólo aparecían muchos signos de interrogación. ¿Qué mamadas?, ¿a quién se le ocurre poner unos pinches signos de interrogación cuando se acaba de apagar un elevador?

Toqué nuevamente el timbre de alarma.

La pantalla esa podría decir: "reiniciando" o algo así.

La gente si está encerrada, busca certezas, pero parecía como si esa mierda dijera con sus signos de interrogación: "ora ora ora ora, ¿qué pasó?, ¿dónde estamos?, jajajaja, guey, a rezar, ¿sí,no? o ¿no?"

Sé qué me estoy pasando pero de verdad que eran muchos signos de interrogación, al grado de ser poco serio. Un signo de interrogación hubiera sido suficiente chingao, pero tantos. El elevador se movió lentamente hacia abajo se detuvo nuevamente. Se volvió a mover.

- Sí, ¿dígame?, se oyó por la pantalla del elevador

- Sí, estoy atorado

- Sí, ¿dígame?

Esa mierda de micrófono parecía que no servía.

- Sí, estoy atorado.  ¿Me escucha?

- Sí, el eleva...shshhssh..(ruidos ininteligibles)

El elevador empezó a bajar lentamente.

- Sí, presione nuevamente el piso a donde iba

Presioné el 13. Siguió bajando. Apareció en la pantalla 6, estaba en el piso 6.

De repente se detuvo, empezó a subir.

Jonas quería salir de ahí e irse sino por las escaleras. 

Guey, no había dormido bien. 

Estuvo esperando una respuesta de Austria de un tema muy crítico y despertó primero a la 1.20, luego 2.15, luego 3.00, luego su alarma sonó a las 4.00. Un día antes había ido al hospital a cuidar a su prima, había dormido alrededor de 3 horas.

Se abrió la puerta del elevador, afuera en el pasillo había oscuridad. Salió al pasillo, las luces se encendieron, vio el 13 en la pared. Se acercó a la puerta de la oficina mientras oía como se cerraba la puerta del elevador. Alcanzó a escuchar un: Sí, ¿dígame?, que se iba alejando con el elevador que seguramente iba al infierno.

Tomó la manija y jaló, pero estaba cerrada. Tocó la puerta, no se oyó nada. No había nadie en la pinche oficina. Se supone que hay gente de guardia y siempre hay alguien, 24 horas. Ese día no, después se enteró que sábado y domingo no hay nadie. Bueno saberlo, habría llegado más tarde.

Se sentó en el piso, llegaba el internet de la oficina y empezó a trabajar. La luz se apagó a los 30 segundos, funcionaba con sensor de movimiento. Se quedaría trabajando en la oscuridad hasta que llegara su compañero a abrir.

Tanto esfuerzo y llegar tan temprano para nada. ¡Que estaba cansado!. Siguió trabajando. Era una oscuridad que lo abrazaba.

Sintió que alguien lo observaba a su lado izquierdo.Tuvo ganas de ahondar en esa idea, se le hacía divertido jugar con el miedo pero no tenía tiempo, tenía mucho trabajo. Le llamó la atención el buscar el miedo por no tener nada que hacer. ¿Qué hubiera pasado si hubiera tenido tiempo?, ¿se hubiera adentrado en la idea y se hubiera aterrorizado a sí mismo?. Jonas se dio cuenta de que él mismo se empujaba al caos por salir del aburrimiento. 

Tenía mucho trabajo, no veía bien. Era muy temprano y no había descansado bien chinga. Por millonésima vez: estaba cansado.

¿Y si tiembla?, se dio cuenta que otra vez estaba delirando pero está idea lo jaló por el miedo intenso.

Estaba en el piso 13 de un edificio en el que no se apreciaba ningún tirante, algo que lo hiciera al menos parecer más seguro. Al contrario, se veía muy vulnerable, como un castillo de cartas, le soplas y se va todo de lado y se cae.

Se acomodó en el piso, se le empezaba a dormir una pierna. Piensas puras mamadas. Su corazón aún estaba acelerado del susto el elevador. 

¿Y si temblaba?

¿Y se caía el edificio y él perecía aplastado?

¡Que triste!, fuera de su horario habitual. 

Se puso a imaginar a sus colegas:

- No mames…, se cayó el edifició pero lo bueno es que no había nadie de la oficina

- No, ahí estaba Jonás ca, quedó como calcomanía

- ¡No seas mamador!. Y, ¿qué hacía ahí?

- Pues chambeando…

- ¿Quéeee?, pero ¿porqué o qué a esa pinche hora, cabrón?. Pinche loco, ya valió madres

Buen mensaje que nos dejó de legado: Ven a tus horas y no te hagas el mártir

- Osea, no andes haciéndole a la mamada…

- Quedará inmortalizado en nuestro recuerdo.., por cierto, hoy es día de carnitas, ¿no?
¿qué onda, mi Dany?, ¿cuántas cemitas de cachete te vas a pedir hoy?

Y esa fue la última vez que hablaron de él o solo lo citaban para que después de contar la historia, dijeran algo como que hay una delgada línea entre la bondad y la pendejez y cosas así. 

¡Qué mamada!

Jorge se rió de lo que imaginaba. No siquiera estaba temblando.

Se movió y sintió que el piso se movía, no seas cabrón está temblando….

Ah, no....., no está temblando…

Estaba demasiado tenso. Mandó un par de correos. Saludó a su papá que nunca le contestaba, por cierto. Este ya no le llamaba ni nada. Sólo le mandaba puros tiktoks; era su forma de comunicarse, como en código. Lo último que le había mandado era un Topo Gigio deseándole buena noche la noche anterior.

- Buenas noches Topo Gigio…, no me dejes solo Topo Gigio. ¿Sabes?, a veces siento como si estuviera encerrado con un demente en mi cabeza.

Le había dejado de hablar a su papá por teléfono. Habían pasado meses que Jonás le llamaba a su padre. A veces sentía mucha carga, que tenía que estar a pendiente de todos: saludar a su mamá, a su hermana, saludo a su papá. ¿Cómo estarán?, y, ¿si no están bien?. 

No soy el padre de todos, cabrón. Se preocupaba como si fuera su papá de todos. Como si él sostuviera sus vidas. Cómo eso de hacer cosas innecesarias en su trabajo pero aparte en su vida personal.

Respiró profundamente, su mente no paraba. Su corazón estaba encerrado en el elevador de su mente con una sombra psicópata en forma humana en la esquina del elevador. La sombra lo observaba fijamente. Desorientado, ell elevador iba para arriba o abajo, caería o no. Sólo respiró, cerró los ojos por un momento mientras sentía su cuerpo y su mente en el vacío. 

El elevador se abrió, la luz del pasillo se prendió. 

- ¡Ora qué haces acá cabrón!, no mames, ¿porqué tan temprano?. Pinche George, estás bien loco....

domingo, 10 de agosto de 2025

El juego que todos jugamos

La abrazó. Era tanto su amor. En su cuerpo sentía tanta paz y tanta alegría. Su mirada se fijó en ella. Sus ojos y los de ella se llenaron de lágrimas. Su corazón se expandía y sentía que esa hermosa conexión era la razón de ser de su existencia. Era un hombre con toda su historia consumada. Se ubicaba muy presente y consciente de su momento. 

La imagen se volvió borrosa y un sonido entró en la escena. Como si una mano invisible lo jalara y lo arrastrara de ahí. El sonido se fue volviendo más tangible.
Era el sonido de unas campanas muy sutiles, era una alarma. La imagen de los ojos de Daniela se fue volviendo una imagen borrosa y deslumbrante de una ventana con el sol del amanecer asomando por ahí. Vio a su alrededor, estaba acostado en una cálida y mullida cama. Se dio cuenta que todo había sido un sueño. Algo en él se resistía a despertar. Como cuando se llena una copa poco a poco, fue cargándose en su consciencia su historia y su realidad en ese momento. Era Jonás y vivía con su madre y hermana y tenía una novia. Pero no era Daniela. 

Su novia era otra, era Elisa.

Se tocó los ojos, no tenían lágrimas pero sentía aún el sentimiento de ver a Daniela a los ojos.
Sintió todo ese amor. Cerró los ojos para intentar regresar al sueño. Se acomodó. Pero dentro de la realidad que vivía, le empezaron a llegar imágenes de su realidad "real"; recordó que tenía un examen y que tenía que llegar temprano. No podía quedarse acostado.
Se levantó, se metió a la regadera y mientras se duchaba tomó una pausa y dejó que el agua corriera sobre su cabeza, bañando su cuerpo. Recordaba los ojos de Daniela, el sol iluminando sus ojos y su cara.
El anhelo de ese momento estaba en su corazón.
Tomó la bicicleta y fue a la universidad.
Mientras manejaba, volvía a ese momento de enamoramiento, intenso y reconfortante. Pero algo pasaba, la imagen de Daniela ya no era nítida. Igual cuando se bañaba, los rasgos ya no eran tan ciertos. La imagen se volvía ambigua. Poco a poco se fue distorsionando.
Sentía una tristeza ante lo obvio, ante la imagen guardada en el búfer de no sé qué porque había sido un sueño, algo que se perdía en la memoria. Si ni siquiera había existido, se perdería más todavía.
Llegó a la universidad, encadenó la bicicleta. Era un día nublado. No podía dejar de pensar en Daniela. Llegó a su salón de clases. La maestra los saludó y les dio el examen. Era un examen bastante difícil. Problemas ficticios, no preguntas concretas o de conceptos generales. Fue avanzando con calma y resolviendo. Sin embargo, se encontró con un problema que no podía definir bien la respuesta.
Hizo una tabla en una hoja y analizó dos escenarios. Hizo una combinación de posibilidades. Volvió a hacerla con distintas variables. Llegaba a lo mismo.
Empezó a sentir tensión. Su corazón se aceleraba.
No vio el reloj, no era el tiempo lo que le preocupaba era la ansiedad de no tener la respuesta clara.
Se dio cuenta que no respiraba, que su cuerpo estaba tenso.
Seguía buscando combinaciones, viendo más alternativas pero no llegaba a una solución.
Sentía una cierta incomodidad en el cuerpo. Estaba tenso, no podía salir de ese problema porque no tenía solución. Empezó a sentir como algo lo jalaba a una imagen extraña. Veía de manera borrosa, ya no estaba en el salón de clases.
Estaba ahora en su cama, junto a su esposa. Estaba amaneciendo. Había sido un sueño. Se sentía agotado, esa sensación de su examen en su sueño lo había dejado estresado y agotado. Poco a poco, se fue cargando nuevamente su historia  y su realidad en ese momento.
Había oscuridad pero se oían los pájaros cantando, sabía que estaba por amanecer. Volteó y vio el reloj, eran las 5.30hrs.
Tenía un pendiente importante hoy, tenía la junta con un cliente donde habían muchas variables complejas para resolver una solicitud. Volteó y mecánicamente se echó una bendición que recordó hacía siempre todas las mañanas como ritual de agradecimiento. Hubo un instante que no sabía quién era pero sabía que su yo de esa realidad sabía bien qué tenía que hacer. 

domingo, 20 de julio de 2025

Una noche no normal

Había tomado demasiado café en la fiesta de niños. Antes de eso, había tomado demasiado alcohol. Tenía que manejar en un rato. 

- Solo recuerda que mañana vas a estar crudo y que tendrás que lidiar con eso.

Fueron las palabras de su chava que lo hicieron regresar al planeta tierra de golpe. No quería ese trance. Empezó a tomar café a lo bruto. 

Tomó agua mineral, agua, más agua y más café. 

Pasaron a dejar a la sobrina y su prima, mamá de su sobrina estaba mal. Había chocado hacía una semana, larga historia. 

Jorge se quedó con el pendiente de su prima. Se quedó en un ciclo de ansiedad mas el café. No pudo dormir. No supo de su prima. Se acordó cuando su tío estaba muriendo y él estaba de viaje de trabajo en Guadalajara normalmente, despertando sobresaltado ante cualquier ruido esperando que le dijeran que su tío había muerto. Al escribir eso, se acordó cuando realmente le avisaron y que en una junta se le salieron las lágrimas. 

Cortó esa memoria y regresó al asiento de la sala de tele de su casa. Estaba ahí, sentado en su impasse, en su vacío. Con insomnio, menos ansiedad. 

Minutos antes, había tratado de dormir pero el rechinido de dientes de su chava no lo podía relajar. Se fue a la sala de tele, se acostó y se quedó dormido para que se le subiera el muerto. Una pesadilla despierto, su cuerpo inmovilizado. Despertó de golpe. Si iba a amanecer, prefería hacerlo escribiendo en vez de divagando en la catástrofe. 

3:04

Antes de haber quedado dormido, estuvo reflexionando, ¿qué sentía?. Sentía la necesidad de ser arropado. Se imaginó en el bosque, acostado, un atardecer hermoso. El cielo azul. Ese azul que le fascinaba, lo sorprendía como si fuera la primera vez que lo viera. Era un amor a primera vista. Nunca había visto una belleza tan conmovedora. Era tan puro. Era un color. Era la mano de Dios acariciándolo, acariciando su pecho, su corazón. Sosteniendo su corazón con un cuidado y amor infinitos. Estaba recostado en hojas lívidas, flotantes, se sostenía en un espacio sin tiempo. Las hojas estaban suspendidas y él descansaba sobre ellas. El olor era de la vida, la tierra, el bosque. El aroma lo llevaba a la historia del mundo. Era un canal hacia la vida. Se sentía en conexión con algo. Era tan superficial pero tan intensamente lleno de significado. Un significado que lo transportaba a respirar el color, a ser la tierra. Respiraba con la vida a su alrededor. 

Evocó la voz de sus papas, de su mamá y papá. Evocó sus voces arropándolo y acariciando sus brazos, su pecho como si fuera un bebé. Te amamos, estás bien, lo estás haciendo bien. Te amamos y estamos contigo siempre. Pase lo que pase, hagas lo que hagas, eres puro en tu corazón y está bien. Te queremos como eres. 

Una imagen de su hijo apareció, siendo feliz, riendo y corriendo. Apareció en su imaginario de sus ojos cerrados.  

Después, empezó a entrar la aleatoriedad de imágenes y sin razón hasta que tuvo la pesadilla. Era algo habitual ya, sobre todo cuando dormía boca arriba. 

Estaba muy cansado. Sentía su cuerpo débil. Tenía la televisión encendida escuchando música muy reflexiva. Suave, nostálgica. Como sus pensamientos. Le dieron ganas de llorar. Su corazón respiraba, sentía un color azul en su corazón. Distinto del que veía en el cielo. Sentía un largo aullido en él. Con un eco que no acababa nunca. 

Respiró. 

Sabía que era la música que lo conmovía. Pero quería seguir escuchándola, como si en ella encontrara un lugar donde podía ser, sentir lo que escondía al mundo. Donde podía ser visto para sí mismo sin más.  

No quería escribir más, quería dormir. Cerró los ojos y algo se los abría. Siguió describiendo ese viaje a la nada. Estaba en el espacio sideral. No había tiempo, lugar a donde ir. Nada qué hacer. No quería nada. Quería callar todo, menos la música nostálgica. 

Su estómago empezó a doler un poco, como hambre pero sentía un poco de nauseas. Se quedó en el sillón de la sala de televisión, escribiendo. 

Respiró nuevamente. En la televisión, había la imagen de una mujer joven de espaldas, la música transcurría. La mujer era joven por el brillo de su cabello. Miraba hacia atrás, no se le vaía la cara. Era un atardecer o amanecer, casi no había luz natural. La luz de un poste la iluminaba así como a la calle misma. Era como un camino de terracería, con arbustos a los lados. Había un poste de luz, se veía un brillo de arete en su oreja. 

Quería dejar de escribir, no podía. El tiempo transcurría, como en las esperas sin tiempo. Algo ya había escrito hace algún tiempo al respecto. Como en los hospitales, donde no hay tiempo, es el tiempo de la sanación del cuerpo, no hay noche, o sí, pero relativamente. No hay día. Sólo hay la mejora paulatina del cuerpo y eso va trazando el avance del tiempo. No quería ponerse negativo y ver que también el tiempo avanzaba cuando se empeoraba, porque realmente no era así. No quería discernir sobre eso. Ya imaginar el estar en un hospital como enfermo o acompañando a alguien ya era de la chingada. 

Estaba entrando en su espacio de fantasía negativa. Se dio cuenta y cortó con eso. Te puedes dar cuenta que estás en una fantasía cuando al darte cuenta, puedes cortar ese hilo de pensamiento. Cuando te das cuenta que ese pensamiento no tiene ni origen ni destino. 

Se acomodó en el sillón, sus piernas se habían entumido. Movió sus pies y sintió comodidad, un cierto placer, como de un masaje. 

3:32 

Respiró profundamente. 

Era como navegar en el océano en total oscuridad. El recostado en en barco pequeño, nada sofisticado. Sin oleaje que moviera su barco, sólo moviéndose al frente, avanzando. Era un barco que se sostenía en las nubes. Veía las estrellas. Se acordó de cuando era niño. De cómo la penumbra le daba esa calma. Lo recordaba en el auditorio de su escuela, era tan grande, tan poco iluminada. No recordaba que tuviera iluminación. Entraban y se guiaban por la luz que entraba de fuera. Chance sí había iluminación pero era muy lejana, unos focos lejanos, pequeños que apenas e iluminaban. Se sentaba en los asientos metálicos y fríos. Sintió el frío del espacio, olió un aroma a antigüedad. A lugar muy antiguo. Madera, Historia. Empezó a enfocarse en su respiración. Comenzó a escribir con los ojos cerrados. Algo se oscureció en ese instante. Abrió los ojos, la pantalla se había puesto negra porque el video había acabado. Se dio cuenta que que tenía miedo. Miedo a la oscuridad absoluta. Estaba muy ansioso aún. No quería quedarse en la oscuridad total. 

Seguía escribiendo. Quería saber qué había en todo eso, qué aparecía en su encuentro con la nada. Con su querer escapar de su presencia. Quería sacar una foto en palabras.

Se quedó sin saber qué escribir. Lo aleatorio quería silencio. El silencio, qué bello, tan inalcanzable. El verdadero silencio, tan inalcanzable. Quiso escribir: el aterrador silencio; pero no quiso, sólo sí se dio cuenta que el silencio era esa puerta para poder ver lo que había en el fondo de las palabras, en el fondo de las emociones, en el fondo de la nada. 

Se quedó sin escribir  por un instante.Un instante infinito. Era suficiente de narrar su estar y ser. Pensó en su papá. ¿Cómo estaría?, ¿estaría bien?. Empezó a preocuparse y su corazón sintió ese piquete, ese color azul cayendo poco a poco. Si viera su corazón en una caricatura, sería azul.

 Vio cuánto había escrito. Bien poquito. Sentía que había escrito un chingo ca. 

Cerró los ojos. Empezó a respirar mientras decía internamente, te amo mucho. Te amo mucho. Sentía un calor y se sentía protegido.  

6.28

Lo despertó el vecino lavando su coche. Esta vez no dudo y llamó a los vigilantes para que le dijeran. Era domingo, que no chingue. 

Antes de eso, se había acostado pero había despertado muchas veces porque se le había subido el muerto, no eran malos viajes, sí estaba muy ansioso. Sentía su corazón como no dejaba de palpitar de manera intensa.  

sábado, 19 de julio de 2025

Un día normal

19/07/2025

Jorge se sentía cansado después de la rodada de un día antes, 35 km bastante bien logrados. El jardinero con su esposa e hijo estaban cortando el pasto. Sentía el pendiente de cuánto tendría que pagar, estaba bien largo el pasto. Todo un mes de lluvias. Ahora estaba soleado. Pensaba en qué iba a pasar con la enredadera ahora que ya no llovía, si se secaba y se iba a ver todo desolado. Pensaba en la gente que sabía enferma y cómo podía ayudar. Sentía cansancio emocional.

Era la misma dinámica. Si quitaba las distracciones en forma de preocupación, quedaba el vacío y algo vibrando en el fondo. Una vibración en forma de sensación en el corazón, una sensación en el pecho que subia hasta el cuello. En la parte baja. 

Volteó y vio como el hijo del jardinero llevaba un bote de pasto. Era un chingo de pasto. 

El infierno de preocuparse, lo había consumido como una hoja de papel devorada por la flama. Una flama que ilumina unos ojos llenos de lágrimas. Lágrimas llenas de inocencia y confusión. Confusión similar a la de un niño perdido entre tantas imágenes demandando no solo su atención, sino tomar una decisión, con un cronómetro en cuenta regresiva indicando que todo iba a explotar dañando a quienes más quería. 

Hace años salió evaluado como sobresaliente en una evaluación gerencial en la competencia de responsabilidad. Veía que eso no era sano. Eso lo había llevado a burn out, a tomar temas que no eran suyos, a resolver lo que no debía y no podía y eso había generado expectativas en sus colegas y superiores, llevándolo a quedar mal y él, a hacer sin resolver, a estudiar sin entender a fondo.  

Era una disyuntiva sin solución, sólo llena de esfuerzo y desgaste. Culpa y exigencia.

Volteó a ver al jardinero quien le hizo una señal que había acabado. 

Le pagó, no gran tema. Ya sabía cuánto y cómo negociar sin abusar. 

¿Entonces porqué se preocupaba y tenía ese pendiente eterno en el corazón si ya tenía todo una solución?, así como eso, varios pendientes y preocupaciones habían salido bien los últimos días. 

Las palabras eran pocas para la serie de preocupaciones que venía cargando desde hace años. Más desde el nacimiento de su hijo.

Había transitado distintos lugares para lidiar con sus preocupaciones; desde el poner un plazo para divertirse y descansar y después ver qué sucedía, el darlo todo como podía para cambiar esa condición, hasta aceptar sus fantasmas y escuchar qué decían en el fondo, no en las palabras y en las imágenes, sino en el fondo innombrable del símbolo y la sensación. Una comunicación sin palabras, sólo contemplación de su mano ardiendo ante las llamas, ver el dolor siendo el dolor. 

No sabía describir donde estaba, sólo veía arder su cuerpo emocional con fantasías e imágenes reales pero no suyas.

¿Qué fue lo que motivó a Giordano Bruno, a Cristo a seguir una trayectoria de sacrificio por sus creencias?. ¿Algo infructuoso ante la mirada del otro?, dar su vida sin sentido, ¿por salvar al otro?. ¿Por transmitir un mensaje?, ¿y si el otro no es capaz de captar el mensaje?.

 Al escribir, iba llegando a un hilo de ideas que no podía detener.

¿Y si no lo hicieron por cumplir ante el Altísimo, sino por cumplir ante su realidad interior?. ¿La realidad que plantea que su mundo interior es intocable independientemente de la flama que consume la carne por no seguir los establishments externos?

Jorge sintió algo en el pecho al escribir. Una voz sin palabras que lo hacía respirar profundo. Donde no había palabras, sólo una conexión con algo profundo. Con "ello", lo innombrable que observaba todo. Observaba su cuerpo cansado, sus ideas, expectativas, historias, deberes y sobre todo, sus fantasías. 

Qué tal si Giordano Bruno, Cristo, muchos no siguieron una doctrina, sino, ¿siguieron su voz innombrable?. 

Palabras, pero movimientos y conexiones profundas. Sensaciones que decían algo y que eran su brújula. Donde estuviera, con quien estuviera, haciendo lo que fuera que tocara. Estuviera en una playa paradisíaca o estuviera en una mazmorra inmunda. 

Le gustaba la palabra "inmunda". Le daba risa. Cuando la decía, la gente reía. "Sí, es un bar divertido. Pero la verdad es que es un lugar inmundo". Venía la risa. El como siempre, se quedaba extrañado de las risas. Hablaba en serio. Pero despúes, se reía de sus palabras. Con cierta manía. 

Su risa emanaba de manera incontrolable aunque discreta. Su boca dibujaba la risa, y los ruidos no se podían detener. Era como un borbotón de agua que venía de una fuga de una tubería. Se dio cuenta que había olvidado reír a carcajadas, esas que hacen que te pedorres de la intensidad. 

Igual con "repugnante", mismo efecto con la gente. Es un lugar repugnante. La gente reía, con nervios. Como si algo despertara en ellos lo defectuoso pero que se expresaba con asco. 

Algo de la locura reprimida e inmunda que socialmente no se permite. Puede ser.   

Se dio cuenta que todo su caos, si lo silenciaba, quedaba el vacío, digno de anesteciarse. Indispensable anesteciarse. Obligatorio anesteciarse, insoportable grito del fondo. 

El grito del cuerpo, el corazón, la sensación que disparaba el catálogo de catástrofes. 

¿Abajo de eso qué chingaos había? 

Recordó a Robert K. Hall. En el vacío hay el impasse insoportable. El momento de la nada. Infernal pero poderosamente creativo. 

Robert, es horrible la espera durante la meditación. No puedo, es insoportable, ¿qué hago?

Robert, sonriendo, con su gran gordura y su cara de Buda todo anciano: No hay de otra que vivirlo. Aprenderás a observarlo por que vivirás con eso toda tu vida. 

Pinche Robert, vete a la mierda.

Respiró hondo. Miró el jardín, sabía que podía seguir escribiendo al infinito pero tenía que ir al cumpleaños de X y Y, pasar por su sobrina para que los niños jugaran, etc, etc. Le daba hueva pero prefería eso a quedarse con el vacío, que con un guíño le decía: Ven cabrón, ¿otro round?, sé donde darte duro, pero bien duro cabrón. 

Se levantó y apuró a la familia para irse. 

sábado, 21 de junio de 2025

Lecciones aprendidas de un 6 conservación

1.  Que ante todo me respeto y quiero a mí mismo

2. A no disminuir al otro y dejarlo salir adelante por sus propios medios

3. Que en los momentos en los que ya no puedo (creo), realmente puedo! y sin esfuerzo

4. Que estoy desconectado de mi cuerpo

5. El cansancio, el hambre influye demasiado en mi estado de ánimo

6. Salir de la rutina me lleva a crisis, salir de zona de comfort, a ser más independiente

7. El proceso de crecimiento es impredecible en tiempo y forma pero es siempre gratificante

8. Que quiero hacer algo con mi vida, no dejarme secar

9. Que puedo influir en el ambiente, mas no soy responsable de los otros

10. Que soy capaz de ser consciente de las ideas dañinas y dejarlas ir

11. Que no hace sentido anclarse a un concepto, un recuerdo, imagen. Lo que cuenta es este momento y el punto a donde quiero llegar

12. Que quiero seguir viajando, conociendo sobre todo de espiritualidad. Conocerme / conocer al otro

13. Que el ser paciente conmigo es siempre un acto amoroso

Revisandolas:  

1. Que estamos rotos por alguna razón desde el punto de vista social, o normal desde el punto de vista de la naturaleza

2. Que la intención y la decisión es siempre nuestra, no de afuera

3. Que la intención y la decisión casi siempre es automática

4. Que el crearse un mundo interior de caos, es una decisión, muy probablemente automática

5. Que a pesar de saber, la emoción dispara lo automático

6. Que hay un mensaje en el caos interior y que tiene que ser escuchado, más que ser reprimido para ser normal ante la sociedad 

7. La primera persona de quien necesitamos amor, es de nosotros mismos. La auto compasión es prioritaria

8. Que la dinámica autodestructiva, muy probablemente tiene como objetivo el ser abrazado

9. Que el crear y el amor, a uno mismo, depende de lo que cada quien entienda por eso

10. Que cada quién aprenderá de intentar. Por eso, intentar desde la búsqueda al menos, es un paso positivo (en vez de, desde la venganza, el enojo, la tristeza)

11. Que cuando Jorge siente tristeza, y entra en caos, sólo quiere sentirse seguro, sentir un abrazo, sentirse acogido

12. Que ese abrazo, empieza por él mismo. Enfocar su presencia en el yo que es objetivo

13. Que es importante darse cuenta donde enfocamos nuestra energía

14. Que lo negativo (que cada quien tiene que definir), pero partiendo de emociones negativas, enojo, tristeza, culpa, es importante expresarlas y dejarlas ir, no construir sobre ellas  

15. Que el ahora, es lo único que hay. Todo lo demás es automatismo y posturas 

 

domingo, 25 de mayo de 2025

Nada personal

El volcán explotaba. Escurría lava incandecente. Avanzaba arrasando árboles, casas. 

La lava no pensaba, avanzaba sin preguntar. Sin conmoverse. El fuego devoraba todo. No era personal. Era su camino y se llevaba todo a la mierda. Imparable e impacible. Lleno de paz chingao. 

Por el otro lado, la gente corriendo. Poniéndose a salvo. Las aves, huyendo a todo vuelo. Posándose en árboles a la distancia. Contemplaban y emprendían el vuelo. Eran la lava, moviendose a otro lugar. No había nada más. No había tristeza, sólo un movimiento natural a otro lugar. Igual que la lava. Los árboles ardían, eran carbón incandecente. 

La gente observaba, lamentandose y llorando. 

El evento era cubierto por las noticias. Helicópteros documentaban lo que llamaban como catástrofe de la década. 

Nada personal, es más, no había ninguna intención en ese movimiento. 

La naturaleza sólo se había echado un pedo con premio. Mejor adentro que afuera, diría. Hubo un señor que se quedó a detener la lava en su casa. La lava no distinguió y si no es por los servicios de seguridad del municipio, el señor hubiera perecido calcinado o petrificado. A la lava; al volcán, le valía madres. Es más, no le valía madres. Ese señor no significaba nada, no existía. 

En el museo de historia natural, viendo a los esqueletos de los dinosaurios: Eloisa: ¿De verdad crees que existieron? ======================...