Las partículas flotaban en el espacio cerrado. No tenían ninguna dirección. Estaban haciendo lo que tenían que hacer. De repente entraba un ligero viento que arrastraba las partículas.
Se observaba como esas partículas. Ese era él. Una partícula suspendida. En cualquier momento una corriente de aire podría transportarlo a la parte más alta de la habitación. En otro momento podía alcanzar la superficie de una mesa o el piso y mantenerse ahí, en la superficie del piano, cayendo en la mano del bebé que dormía plácidamente mientras su mamá le ponía loción en sus piecitos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario